OCTAVIO SASSO
EL UNIVERSAL
En enero de 2001, Richard Páez asumía el control
de la selección nacional de fútbol. Su primera decisión
fue unificar el color de la camiseta.
"Puse un video de todos los goles que nos había hecho
Brasil y siempre teníamos una franela diferente. ¿Cómo
hago para motivar a mis jugadores si no saben qué color
se ponen?", decía Páez en aquella oportunidad. El
tono elegido: vinotinto.
Páez, como muchos venezolanos, sufrió el desarraigo
del combinado nacional y luchó como nadie para vincular
esa tonalidad con un sentimiento de unión y de identidad.
Su esfuerzo y los éxitos deportivos lograron establecer
lo que hoy en día no sólo es una marca establecida,
sino un sentimiento nacional, la vinotinto.
Las palabras del presidente de la República, Hugo Chávez,
en su última alocución, a la que hacía referencia
sobre el posible cambio de colores de las delegaciones deportivas,
empieza a generar sentimientos de dolor en la sociedad.
Flor Isava, primera mujer en ingresar al Comité Olímpico
Internacional, en el que trabajó durante 20 años,
y dirigente de amplia trayectoria en el país, expresa
su sentir: "El vinotinto es Venezuela. Ese color es el símbolo
de nuestro país y además representa lo que ha sido
un deporte tan exitoso en los últimos años como
el fútbol y que nos ha dado tantas alegrías. Me
daría mucho dolor que se pierda ese color que tiene tanto
sentimiento".
Las palabras de la dirigente calan hondo y el tono que usó
para decirlas expresa una vinculación afectiva muy fuerte
que no sería fácil de eliminar.
El fútbol es la bandera
El vinotinto ha sido el color elegido para representar a
Venezuela durante muchos ciclos olímpicos, sin embargo,
no fue sino hasta la exitosa etapa de la selección de
fútbol que el vinotinto tomó otro sentido y pasó
a ser el bastión de un sentir popular muy importante.
Dejar el vinotinto de un lado no sólo sería modificar
un simple color, sino que significaría perder los últimos
10 años de esfuerzos y sacrificios de un grupo de personas
que le dieron un sentido de pertenencia notable.
La vinotinto hoy es el orgullo del país. Es el color
vinculante a un deporte que tiene una relación sentimental
muy fuerte.
La dirigencia criolla admite que perder el color sería
perder una marca establecida. Perder la identificación
que con tanto ahínco defiende cada uno de los que sudan
esa camiseta. Sería perder de nuevo la identidad.
Desde la Federación Venezolana de Fútbol aseguran
que lo defenderán hasta que puedan. Dicen que la gente
también levantará su voz. El vinotinto dejó
de ser uno más para ser el color de un país entero.